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La lucha por recuperar la escritura

El cerebro es un territorio plagado de preguntas, conexiones e imprevistos para la memoria. De ello nos hablará Adela Hernández Galván en la primera sesión del diplomado en Memoria y Discursos Autobiográficos de LEM. A propósito de este tema, compartimos la reseña de No sabes lo que me cuesta escribir esto. La historia de cómo recuperé el lenguaje, una obra emotiva y ejemplar.

Lo específico existe al ser nombrado. En la tradición bíblica, la enunciación del creador produce la revelación de lo identificable: “Hágase la luz, y la luz se hizo”. Antes de eso, solo se percibe lo confuso, el caos, la mezcla de materias, la ausencia de categorías, la carencia de partes: El Todo, esa masa apabullante que asfixia por su impenetrabilidad. En el acto de nombrar-materializar, el lenguaje manifiesta su poder como generador de territorios y delineador de especificidades.

Las palabras son, entonces, piezas maleables de las dúctiles fronteras físicas, mentales y existenciales que permiten habitar el mundo sin que cada paso encuentre un abismo. Por lo tanto, al perder el alfabeto se extravía la capacidad de identificar, relacionar y compartir las visiones y las necesidades personales. ¿Cómo se vive ese estar sin herramientas para nombrar? Olivia Rueda, lo cuenta en su relato autobiográfico No sabes lo que me cuesta escribir esto. La historia de cómo recuperé el lenguaje (Blackie Books, 2018).

Olivia es editora audiovisual. Lo suyo es el montaje de historias para la televisión. En sus manos se flexibilizan la escritura, las voces, los ruidos y las imágenes para construir narrativas. Ella es un pulpo de los lenguajes. Hasta que tiene un ictus (accidente cerebrovascular provocado por la obstrucción o rotura de una arteria). Lo que sigue es el peregrinar por consultorios médicos, la acumulación de diagnósticos y la valoración de tratamientos. Olivia elige la nebulización para tratar de eliminar al tigre que habita en su cabeza. En la tercera sesión, sufre un derrame: “La cosa se puso muy fea. Desperté sin poder expresarme con palabras, y tuve que aprender a hablar y a escribir de nuevo. Hablar es muy difícil. Explicar por qué no puedes hacerlo lo es todavía más”.

Es el encuentro con la afasia, ese trastorno del lenguaje producido por lesiones cerebrales que se caracteriza por la incapacidad o la dificultad de comunicarse a través del habla, la escritura o la mímica. Para Olivia el daño es bilingüe: olvida el español y el catalán.

Explicado por la narradora, sucede que el mayordomo mental del lenguaje nunca le trae las palabras adecuadas o insiste en servirle siempre la misma. Así que Olivia sufre tratando de hilar oraciones, expresar sentimientos o pedir cosas. Eso, cuando no repite contra su voluntad un vocablo ilógico para el contexto. Este angustioso padecer la hace odiar a las personas cercanas —su pareja, sus amigos, los doctores— y le impide gritar todos los insultos que, ella cree, se merecen todos y cada uno de ellos.

Una vez atrapada por la afasia, Olivia se enfrenta al olvido, combate cuerpo a cuerpo para recuperar las palabras —sus palabras—. Esta batalla es lenta y se lleva a cabo en muchos escenarios: la cabeza de la protagonista, los consultorios médicos, las instituciones de rehabilitación, los recorridos cotidianos, las conversaciones, el devenir maternal, los cuadernos de notas, las relaciones filiales…

Cada momento es extremo: de la sensación del fracaso absoluto por no recordar las capitales europeas al luminoso hallazgo de una oración en catalán. Es lanzarse una y otra vez desde el trampolín del silencio sin saber —en cada ocasión— si hay agua en la alberca del lenguaje.

Escribe Olivia: “A veces me preguntan: ¿pero cómo puedes seguir adelante con todo lo que te ha pasado? Bien, no es una elección. Si a ti te encerraran en un lugar y te tiraran encima un montón de prendas de ropa o de trastos o de tierra, ¿qué harías? Intentarías salir de ahí, ¿no? Pues yo hago lo mismo. Sobre todo porque sé que fuera me esperan mis hijos, Roberto y la gente que me quiere. No soy una heroína, eso lo tengo claro. Solo hago lo que puedo”.

La narrativa de No sabes lo que me cuesta escribir esto es —como lo advierte de inicio la autora— básica, elemental, sin oraciones rebuscadas. Cada párrafo ha sido construido sobre términos primarios, comprensibles, recuperados tras disputarle fulgores lingüísticos al oscurantismo afásico.

En LEM sabemos que, como lo consigna Olivia, “el lenguaje te puede oprimir o liberar”. En esa disyuntiva, lo valioso son los esfuerzos individuales, familiares y comunitarios por escribir, aunque los demás no sepan cuánto cuesta hacerlo.

¿Trabajas con relatos (auto)biográficos, testimonios o archivos? ¿Haces investigación relacionada con historias de vida? ¿Escribes perfiles periodísticos? El diplomado en Memoria y Discursos Autobiográficos es para ti.

Conoce nuestro programa aquí: https://lemmexico.com/mda2

▪ Multicámara ▪ 18 sesiones y 5 conferencias en vivo o diferidas  ▪ A tu ritmo.

Esta columna fue publicada en El Popular (15.08.2019).

La Historia carece de valor sin las historias

El Centro de producción de lecturas, escrituras y memorias (lem) desarrolla actividades para facilitar el uso de herramientas teóricas y prácticas que les permitan a las personas reconocer, documentar y compartir sus historias de vida. ¿Por qué? Porque estamos convencidos de que la Historia carece de valor sin las historias.

Para lem cada persona es una mapa de ella misma, su familia, su sociedad y su país. Por lo tanto, en cada experiencia individual hay rutas, aprendizajes, recorridos y extravíos que pueden ser referentes —emocionales, laborales, vivenciales…— para quienes la rodean.

Con esta idea, trabajamos por la construcción de una gran cartografía humana —multiforme, multilingüe, multiplataforma— que replique lo expresado por Robert Luis Stevenson en El mapa de “La isla del Tesoro”: “Sé que hay personas a las que no les interesan los mapas, algo que me resulta difícil de creer. Los nombres, los contornos de los bosques, los cursos de caminos y ríos, las marcas prehistóricas del hombre claramente discernibles a lo alto y lo bajo de las colinas y valles, los molinos y las ruinas, las fuentes y los trayectos, tal vez la Standing Stone o el Círculo de los Druidas en el brezal; he aquí una interminable fuente de interés para todo hombre con ojos para ver o una mínima imaginación con la que poder entender”.

“Poder entender”, de eso se trata —creemos en lem—, de que cada historia de vida sea compartida y comprendida tanto por quien la protagoniza como por quienes la reciben. Es decir, dejar de ser lo que Don Swanson llamó “conocimiento público sin descubrir” y establecer un catálogo de conocimiento humano compartido, difundido y valorado.

En términos prácticos, queremos ser un medio para el diálogo narrativo entre familiares, ciudadanos, generaciones, biografías y memorias.

Como escribe Ricardo Piglia en El último lector, a propósito de Franz Kafka: “La experiencia es la escritura sin fin. Alguien debe ayudarlo a transformarse de escritor en autor. A pasar de K. a Kafka, de la letra personal a la palabra pública. Hace falta un paso intermedio, un desdoblamiento”. En lem, queremos ser el apoyo para ese desdoblamiento que, además de implicar la extensión de miras y el incremento del territorio personal, exige mirar al interior, descubrir temores, reconocer personajes y relatar lo vivido.

En este sentido, para visibilizar las experiencias de vida, nos interesa formar para la escritura autoral, la edición de autor, la creación testimonial y la recopilación de historias; propiciar la práctica y el análisis de la lectura, la escritura, la gestión de contenido y la edición, y encauzar producciones en diversos formatos y estilos a partir de la escritura personal y social.

Así, los procesos de reconocimiento permitirán que el recuento narrativo de la existencia sea consciente, profundo y diverso en lenguajes: narración oral, fotografía, ilustración, diseño, podcast, audiovisual, mural, pieza de arte, línea de tiempo, mapa de vida, archivo, postales, carteles, blogs, libros de autor… y todos las posibilidades que permiten las tradiciones, las artes y las comunicaciones actuales.

Esto lo encauzamos mediante diplomados, talleres, charlas, convivencias, acciones en espacios públicos, actividades académicas y publicaciones, entre otras labores.

En LEM todas las lecturas y las escrituras son indispensables para identificar, comunicar y preservar la pertenencia y los arraigos personales, comunitarios, regionales y nacionales. Por ello, a propósito de nuestro diplomado en Memoria y Discursos Autobiográficos compartiremos reseñas de las lecturas que nos llevan por los caminos de la memoria desde múltiples ángulos.

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