Hay tantas escrituras en el aire como ondas radiofónicas sobre los territorios

Hay tantas escrituras en el aire como ondas radiofónicas sobre los territorios

Entre las muchas vías de transmisión y florecimiento para memorias comunitarias, la radiodifusión ocupa un lugar significativo. De esa raigambre radiofónica hablará Manuel Espinosa Sainos durante la sesión 14 del diplomado en Memoria y discursos autobiográficos de LEM. En lo que acontece esta clase del poeta, traductor y productor de radio totonaco, compartimos aquí una lectura relacionada.

Como bien expresa el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, “No hay lenguas sin pueblos”. Por eso, más que defensores, las lenguas indígenas mexicanas necesitan hablantes, escritores, lectores, traductores, editores, maestros, estudiantes, intelectuales, publicaciones, audiovisuales… presencia activa en todos los ámbitos.

A la par de las diversas posturas institucionales —y, en muchos casos, a grandes distancias de ellas—, los escritores en lenguas originarias de México protagonizan una admirable vitalidad creadora. Con esta marea literaria vienen las interrogantes individuales y colectivas sobre las traducciones entre los propios idiomas indígenas, los referentes de la crítica en ciernes, las deconstrucciones de los procesos autorales, las vías para posicionar un catálogo de géneros propios, el peso de la autoría como postura política y las iniciativas para ensanchar las rutas de difusión y distribución.

Todo esto, por supuesto, incluye la necesidad de que en las librerías la poesía y la novela en lenguas indígenas, por mencionar dos géneros, pasen de la sección de antropología a la de literatura.

En este contexto, durante la última década se ha consolidado una dualidad editorial: la creación en lenguas originarias que se traduce al español, y la traducción a idiomas indígenas de obras inicialmente escritas en español u otros lenguajes. En el segundo caso, si bien predominan los esfuerzos por traducir los clásicos nacionales e internacionales, también hay propuestas de obras bilingües desde su origen. En este campo sobresale Escribir en el aire / Ts’ìib ti’ iik’ (Ediciones Uache, 2013), escrito por Monique Zepeda, traducido al maya por Fidencio Briseño Chel e ilustrado por Juanjo Güitrón.

Esta historia, dirigida al público infantil, cuenta la historia de una niña que, por abundancia de pensamientos, es olvidadiza: a veces escucha tanto lo que piensa ella misma que se le olvidan los encargos. Así que cada recorrido a la tienda está marcado por la preocupación de quedarle mal a su abuela y la alegría de redescubrir el mundo en cada mirada.

Sucede que además de sus pensamientos, la niña -como todas las personas- es habitada por las memorias propias y ajenas. Con sus pasos camina la historia –las historias- del mundo que le precedió, los misterios del espacio que habita, las transformaciones en el cielo y las dudas de su edad.

Así que, a pesar de su esfuerzo por darle a su pensamiento el recto camino de la repetición de la lista de cosas a comprar en la tienda de doña Cirila —semillas hierbas, cerillos…—, la niña es distraída por los atractivos del paisaje, los recuerdos familiares y los misterios inmediatos: las hormigas, los colorines, la pequeña puerta de la tienda, las historias de su abuela, los mitos, las anécdotas con sus amigos, la piedra que tiene arrugas, las nubes que parecen listones, la hierba y, al finalizar el camino, la angustia del olvido.

¿Qué hacer para recordar? La niña no encuentra respuesta. De pronto, como si lo hubiera visto escrito en el aire ¡aparecen las palabras adecuadas! A gran velocidad, con lentitud, entre aplausos, con sacudidas de manos, mediante chasquidos, brincando, levantando las rodillas, con taconazos y zapateando, la pequeña compradora redacta en el aire la lista de compras que le encargó su abuela. Ha encontrado su propio lenguaje, su escritura mnemotécnica.

En LEM estamos convencidos de que hay muchas personas escribiendo en el aire para que las palabras aparezcan en el momento adecuado: los autores en lenguas indígenas, las editoriales que apuestan por visibilizar la literatura mexicana plurilingüe, los investigadores que rastrean cronologías, los maestros bilingües que resisten en sus trincheras, los jóvenes que cantan en sus idiomas originarios, los narradores orales que comparten relatos. Así, todos ellos se oponen a que se rompa el hilo de la memoria. Lo cual nos da pretexto para finalizar con “Papalote”, de la poeta maya Briceida Cuevas Cob: El recuerdo/ es un papalote./ Poco a poco le sueltas,/ disfrutas su vuelo./ En lo más alto/ se rompe el hilo de tu memoria/ y te sientas a presenciar cómo lo posee la distancia.

Así se lee en maya: K’a’asaje’báaxal tuch’bil ju’un ku xik’nal.Teech choolik junjump’itil,ki’imak a wóol tu xik’nal.Ken jach ka’anchake’ku téep’el u súumil a k’ajlaye’ka kutal a cha’ant u páayk’abta’al tumen náachil.

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Esta columna fue publicada en El Popular (05.09.2019).

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