En todas las familias nacen libros: El sabor de las abuelas

En todas las familias nacen libros: El sabor de las abuelas

El libro es un objeto de memoria, un testimonio y, muchas veces, una reivindicación de trayectos, saberes y épicas familiares, empresariales, comunitarias y de salvaguarda del patrimonio inmaterial. De eso hablaremos en la sesión 15 del diplomado en Memoria y Discursos Autobiográficos de LEM. A continuación, un ejemplo de este tipo de proyectos.

Hay tres certezas compartidas por la mayoría de las familias: las abuelas son los personajes emblemáticos para el resguardo de la historia; el espacio epicéntrico de los recuerdos es la cocina, y el universo del pasado se abre cada vez que los aromas y los sabores nos parecen familiares. Por ello, si queremos saber quiénes somos, de dónde venimos y cómo hemos construido nuestra identidad, basta pensar en el acertado título editorial De cómo cocinaban las abuelas (Tejedora de historias-Landucci, 2013).

Aquí, 29 personas recuerdan a sus respectivas abuelas -y dos abuelos- para compartir historias de migración, anécdotas familiares y recetas. Por lo tanto, este es un recetario que narra y, a la vez, un libro de crónicas para cocinar. Eso somos, historias y sabores.

En alguna parte, Manuel Vázquez Montalbán escribió -o dijo o pensó a través de Pepe Carvalho- que comer es una necesidad biológica, pero cocinar es un acto cultural; quizá también él enunció que la humanidad es la única especie que habla de comidas previas y futuras mientras comparte los alimentos del presente. Ambas afirmaciones son las alas del mismo pájaro, el de la memoria. Somos lo que hemos comido y lo que hemos vivido mientras comemos. Por eso las abuelas son el tótem de cada tribu: el antepasado visible que confirma el paso de la familia por la historia monumental y la historia afectiva. La abuela ha visto el ascenso y la caída de los grandes nombres; es ella quien anuda la red filial de encuentros y desencuentros. En torno a su fuego se congregan los idos y los que están por llegar, y nosotros, los testigos de su encantamiento.

En De cómo cocinaban las abuelas los trazos biográficos abarcan generaciones viajes, extravíos, amores, desolaciones, complicidades y vínculos gastronómicos.

Dice, por ejemplo, Mireya Vladiu de su abuela Libertad Ródenas: “Nunca se casó por alguna ley que no fuera la del amor y los compromisos personales, pues vivió en unión libre con mi abuelo José desde que se conocieron hasta su muerte. […] No sé si haya tenido amores ajenos a mi abuelo, pero cuentan que tuvo muchos admiradores, entre ellos un poeta sindicalista que le dedicaba versos”.

Cuenta Ana Mónica Ávila de su abuela: “El año pasado festejamos sus 75 años, eligió hacer una fiesta ‘Blanco y Negro’ como baile de colegialas de los años cincuenta. Se le veía radiante, ufana, como cuando le digo cualquier domingo a la hora de comer: Macana, quiero otro plato de tus alubias mientras me dices que estamos igual de locas y me cuentas cómo es que nunca aprendiste a hacer pasteles”.

Arcelia Serrano Vargas explica cómo deben cocerse las tortillas, de acuerdo con la enseñanza de su abuela Antonia: “Si no se esponja es porque no la tortillaste bien; si la volteas antes de tiempo, le va a faltar cocimiento; si la volteas después de tiempo, se seca. Debes esperar a que se dore la panza, que no se queme pero que tampoco salga cruda, porque el sabor no es el mismo. Si le falta, sabe a masa; si le sobra, sabe a humo”.

La abuela Josefina es recordada así por Laura Aguirre Lass de Lamont: “La primera imagen que tengo de mi abuela es en la cocina, comiendo clandestinamente arroz con leche metido en un bolillo; de pie, cocinando mole de olla, adobo, sopa o puchero de res, o sentada aporreando la masa, enharinado el palote para aplastar las tortillas”.

Cada historia es acompañada de una receta. Hay entradas y guarniciones, sopas y pastas, platos fuertes, piezas para acompañar y postres.

De cómo cocinaban las abuelas es un guiso de varios ingredientes: Laura Athié, la Tejedora de historias, convocó a escribir las historias de migración y gastronomía de las abuelas; 28 nietos de México, Estados Unidos, Chile y Argentina escribieron; los textos se editaron respetando la intención y el lenguaje de los autores; se hizo un trabajo de ilustración y se diseñó. En pocos meses se agotó la primera edición. Durante 2013, la editorial Landucci publicó la segunda edición, actualmente en todas las librerías.

¿Quieres escribir tu autobiografía? ¿Necesitas investigar tu historia familiar? ¿Sueñas con relatar la vida de tus padres o abuelos? ¿Deseas narrar la migración de tus antepasados? El diplomado en Memoria y Discursos Autobiográficos es para ti.

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Esta columna fue publicada en El Popular (11.06.2018).

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