Cuando los bisabuelos llegan por correo electrónico

Cuando los bisabuelos llegan por correo electrónico

Los secretos familiares son innumerables y el tiempo escaso. Por ello, en la sesión 17 del diplomado en Memoria y Discursos Autobiográficos de LEM, Javier Eusebio Sanchiz Ruiz, especialista en Ciencias Genealógicas, nos proporcionará herramientas para encontrar lo extraviado en el trayecto familiar. A propósito del tema genealógico, compartimos esta reseña.

El pasado habita el hoy, siempre está presente, en capas cruzadas por el lenguaje desbocado, la memoria personal, el rememorar colectivo, los afectos suprimidos y las posibilidades latentes. El pasado es ahora, ocurre fuera de nuestra voluntad y, de pronto, arriba para obligarnos a ocupar parte de nuestro futuro en la reconstrucción de lo acontecido. Esto ocurre, por ejemplo, a través del e-mail, ese brazo de la realidad on-line que, cual replicante, acumula las textualidades vivenciales de su espejo off-line.

Puede ser, digamos, que un periodista interesado en la nota roja abre en Buenos Aires su buzón electrónico y encuentra un correo de su padre (ese pasado en permanente actualización) titulado “Tu bisabuelo” (aquel antier detrás de la bruma existencial). Después de abrir el mensaje y activar un vínculo web, el personaje lee un artículo escrito 62 años atrás y firmado por su bisabuelo: Mijl Hacohen Sinay: “Las primeras víctimas judías de Moisés Ville”.

Entonces, el periodista se ve invadido por el padre que trae de la memoria al abuelo que en 1947 reporteó cómo entre 1889 y 1906 los gauchos criollos asesinaron en la provincia de Santa Fe a 22 judíos ucranianos que formaban parte de las familias llegadas a Argentina para escapar del pogromo ruso.

 ¿Qué hace entonces el cronista aquella noche de 2009 frente a su computadora? Se avienta al océano de las evocaciones y persigue las palabras del abuelo, los devenires de su propia familia, las vidas de los muertos, la historia de los judíos en Argentina, los retazos biográficos, los errores existenciales acumulados en todas las direcciones geográficas y cronológicas. Intenta, en resumen, lograr una carambola multidimensional a tres bandas para hacer literatura y rehacer vida.

Durante los cuatro años siguientes Javier Sinay, el bisnieto cronista, tropieza de un dato a otro y, finalmente, publica Los crímenes de Moisés Ville: una historia de gauchos y judíos (Tusquets, 2016), cuya trama recorre los vericuetos de la investigación periodística, la reflexión identitaria, los deslaves hemerográficos, las ficciones históricas y los olvidos colectivos.

En el camino, el escritor mezcla los encuentros con quienes resguardan la memoria documental -pese a todos los contratiempos y todas las carencias- y los desesperados intentos por darle el mínimo orden biográfico a las víctimas.

En el primer caso, el trayecto inicia en “la vieja casona del Museo Judío de Buenos Aires”, donde transcurre el siguiente diálogo: “-¿Que? te trae por acá?? -pregunta, con cierto regocijo. Yo me quiero ocultar, incómodo, pero no hay dónde. -Estoy haciendo una investigación -digo. Cuanto menos, mejor. Pienso en una excusa. Tengo que inventar una historia, tengo que salir al paso. Pero ella me gana de mano. -¿Una investigación sobre qué?? -Sobre… sobre una serie de crímenes. Que hubo. En la colonia de Moisés Ville. -Ah… -y su sonrisa es ahora irreprochable. Pero adivino, por debajo, cierta inquietud”.

En el caso de la reconstrucción biográfica, el cronista persigue la figura grupal de las 129 familias que -tras una serie de peripecias que incluyó engaños transnacionales y decepciones locales- llegaron en 1889 a Argentina en el barco Wesser: “Solo cuando los miembros de la muy caballeresca Congregación Israelita de la Republica Argentina los contactaron con uno de sus socios, los rusos supieron que estaban frente a un nuevo camino. El nuevo hombre, que se llamaba Pedro Palacios, poseía campos en la provincia de Santa Fe y les ofrecía una pequeña parte de sus cien mil hectáreas en la que todo estaba por hacerse. Una comisión de gringos firmo? con él un primer contrato el 28 de agosto de 1889. El boleto especificaba que cada lote de 25 hectáreas se pagaría en tres anualidades, con un ocho por ciento de interés por año. Los colonos podían recibir hasta 50 hectáreas, además de los medios de vida y las herramientas para la primera cosecha”.

Entre la actualidad de Buenos Aires y la realidad desteñida de finales del siglo XIX, se extravían los nombres, se acumulan las muertes y surgen los personajes acordes con tal historia, como un detective de libros.

Pero volvamos al principio para establecer que el brevísimo encabezado del correo electrónico que detonó la investigación -“Tu bisabuelo”- es bisnieto de la frase que inauguró —también en Argentina— el género que hoy se llama de no ficción: “Hay un fusilado que vive”. De ahí nació Operación masacre, de Rodolfo Walsh. Este bisnieto indirecto es un buen integrante de dicha tradición. En LEM celebramos estos parentescos.

¿Te gustaría escribir la historia de tu familia? ¿Necesitas encontrar datos e información familiar para reconstruirla? Trabajas con relatos (auto)biográficos, testimonios o archivos? ¿Haces investigación relacionada con historias de vida? El Diplomado en Memoria y Discursos Autobiográficos es para ti.

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Esta columna fue publicada en El Popular (17.09.2018).

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